Hidatidosis. Pasos a seguir frente a casos sospechosos

Generalidades

La hidatidosis o equinococosis quística (EQ) es una zoonosis causada por el estadio larvario del parásito Echinococcus granulosus, el cual produce una enfermedad de evolución crónica caracterizada por quistes principalmente en el hígado y pulmones.

El parásito requiere de diferentes huéspedes para completar el ciclo de vida: los huéspedes definitivos en donde desarrolla la forma adulta, y los huéspedes intermediarios en los cuales desarrolla la forma o fase larvaria. Los huéspedes definitivos son el perro doméstico y otros cánidos silvestres como lobos o chacales. Los huéspedes intermediarios son principalmente ovinos pero también, caprinos, cerdos, bovinos, guanacos, etc. El hombre es un huésped accidental, cumpliendo la función de huésped intermedio.

El parásito adulto es una tenia blanca de 3 a 7 mm de longitud. Vive fijado a la mucosa del intestino delgado del huésped definitivo. Al llegar a la madurez produce huevos que son eliminados con la materia fecal de dicho huésped, contaminando el medio ambiente. Cuando los huevos son ingeridos con el pasto o el agua por lo huéspedes intermediarios, llegan al estómago, y se produce la liberación del embrión que, a nivel intestinal, penetra pasando al sistema venoso para llegar por la circulación a diferentes órganos. Allí empieza a evolucionar a la forma larval que irá lentamente formando un quiste. Si el huéspedes definitivos se alimenta con estas vísceras enfermas, en su intestino se desarrollan otra vez los parásitos, y empieza el ciclo nuevamente.

La infección en los humanos se produce por la transferencia de huevos del parásito de las manos a la boca, después del contacto con perros infectados o por medio de alimentos (fruta caída, frutos silvestres sin lavar), agua, tierra o fomites contaminados. Si bien el hombre es un huésped accidental, también es el principal responsable de la perpetuación de la infección al alimentar a los perros con vísceras crudas portadoras de quistes hidatídicos.
El cuadro clínico es muy variable y dependerá fundamentalmente del órgano afectado y de la velocidad de crecimiento. La localización más frecuente de los quistes hidatídicos es la hepática (67-89%) seguida por la pulmonar (10-15%). También pueden desarrollarse en otros órganos como riñón, cerebro, corazón, hueso, músculo, etc, aunque estas localizaciones no superan en su conjunto el 10% de los casos. En el hígado, por sus características estructurales, la resistencia del tejido circundante es mayor, lo que determina que en muchos casos el crecimiento sea lento o casi nulo durante años, por lo que un alto porcentaje de personas permanecen asintomáticas durante toda su vida. Puede causar tumor, hepatomegalia, ictericia, dolor, colestasis, ruptura del quiste, siembra peritoneal, peritonitis biliar, fístula biliar, absceso hepático, cólico biliar, colangitis, pancreatitis, hipertensión portal, ascitis, compresión o trombosis de la cava inferior, eosinofilia, etc. En cambio el pulmón al presentar características elásticas, ofrece escasa resistencia al crecimiento del quiste, lo que determina un aumento de tamaño relativamente rápido con la consiguiente aparición de síntomas clínicos en un alto porcentaje de los casos, tales como  tumor (radiológico), dolor, tos crónica, expectoración, disnea, fiebre, hemoptisis, pleuritis, neumotorax, bronquiectasias, absceso de pulmón, vómica, anafilaxia, asma, eosinofilia, etc.

La hidatidosis representa un importante problema de salud pública y económico en aquellas regiones del mundo con una economía básicamente ganadera. Tiene una distribución geográfica cosmopolita y se han descripto casos en todos los continentes. Las regiones con mayor prevalencia a nivel mundial son: Euro- Asia (región Mediterránea, Rusia y República Popular China), África (región nordeste), Australia y América del Sur.
En América del Sur, la enfermedad existe en la mayoría de los países pero Argentina, Bolivia, Brasil, Perú y Uruguay, son aquellos donde la hidatidosis constituye un importante problema de Salud Pública.
En Argentina, la hidatidosis (EQ) está difundida en todo en el territorio nacional, y tiene mayor prevalencia en las zonas rurales, especialmente en las de cría de ovinos y caprinos. Se calcula que aproximadamente el 30% del territorio nacional es asiento del ciclo zoonótico del Echinococcus granulosus, lo que representa un área endémica de aproximadamente 1.211.912 Km2. La superficie comprometida no es uniforme a lo largo del territorio nacional existiendo provincias contaminadas en toda su extensión y otras en forma parcial.

Focos Endémicos Mayores de Echinococcosis en Argentina:
• Área Patagónica: Tierra del Fuego, Santa Cruz, Chubut, Río Negro y Neuquén.
• Área de la Pampa Húmeda: toda la provincia de Buenos Aires, sur de Santa Fe y Córdoba.
• Área Mesopotámica: territorio de Corrientes ubicado al sur del río Corrientes y el norte de Entre Ríos hasta el eje de La Paz, Federal y Concordia.
• Área Cuyana: toda la provincia de Mendoza y el oeste de San Juan.
• Área del Alta Montaña del Noroeste: provincias de Tucumán, Salta, Jujuy y Noroeste de Catamarca.


Definición de Caso sospechoso:
• Persona con presencia de lesión quística localizada en distintos órganos y sistemas, con más frecuencia en hígado y pulmón, y asociado con aspectos epidemiológicos de la enfermedad (lugar de origen, contacto con perros, existencia de otros familiares con hidatidosis).
• Persona con sospecha de hidatidosis por catastros poblacionales efectuados con ecografía.


Pasos a seguir frente a casos sospechosos

  1. Notificar a la unidad de epidemiología correspondiente.
  2. Iniciar el llenado de la Ficha epidemiológica específica (FICHA DE INVESTIGACION DE CASOS DE HIDATIDOSIS, hacer click aquí). Enviarla con todos los datos completos a la unidad de epidemiología correspondiente o remitirla con la muestra al Laboratorio. De fundamental interés es consignar los datos de identificación del paciente y los datos epidemiológicos
  3. Solicitar análisis de laboratorio correspondiente.
  4. Investigar posibles casos expuestos al mismo riesgo. Identificar la fuente probable de infección.
  5. Reforzar las medidas de prevención en la comunidad.
  6. Ante casos confirmados:

• Tratamiento específico. Depende del tipo de quiste, puede ser quirúrgico y/o medicamentoso.
• Identificar factores de riesgo
• Control del grupo familiar y de expuestos al mismo riesgo: Realizar serología, ecografía abdominal y/o radiografía torácica en busca de quistes hidatídicos.
• Revisar a los caninos que viven dentro de la casa o en su cercanía en busca de infección.
• Medidas en zonas endémicas: control de la población animal en áreas identificadas como fuente de infección. Se desparasitarán a todos los perros con prazicuantel.

 

Medidas de prevención y control

La presencia de ovinos y perros parasitados en el medio rural, ha posibilitado el desarrollo del ciclo de la enfermedad, colocando a la población humana residente en un permanente riesgo de contraer el parásito. En nuestro país, la enfermedad se mantiene principalmente a través del ciclo perro-oveja siguiendo en importancia el perro-cabra. No obstante, en otras zonas pueden también encontrarse otros ciclos como perro-cerdo y perro-vaca.

Diferentes factores culturales, educativos, sanitarios, y económicos, posibilitan la perpetuación del ciclo parasitario. Un perro puede alojar cientos de parásitos en su intestino y eliminar miles de huevos, con la consiguiente contaminación ambiental en las áreas endémicas. De esta manera, el entorno de la vivienda rural (peridomicilio) donde los perros deambulan y defecan cotidianamente, es el lugar de mayor contaminación y riesgo para la adquisición de esta parasitosis especialmente en la infancia. La niñez es la etapa de la vida donde generalmente se adquiere la infección, fundamentalmente debido a los hábitos de pica, geofagia y al juego o prácticas que los niños suelen tener con los animales de compañía (darle besos o dejarse lamer la cara), en especial los perros.

El ser humano tiene una importancia epidemiológica fundamental, siendo responsable de perpetuar la presencia del parásito en el entorno, a través de ciertas prácticas de las cuales la más importante es la faena domiciliaria y la alimentación de los perros con vísceras crudas con el estadio larvario del parásito que inicia así el ciclo de transmisión. La hidatidosis no se transmite directamente de una persona a otra ni de un huésped intermediario a otro.

Las estrategias de prevención de la hidatidosis deben estar dirigidas a:
• Desparasitar periódicamente los perros
• Evitar la infección en los huéspedes intermediarios
• Evitar la faena domiciliaria
• Evitar la permanencia de animales muertos en áreas rurales (enterrarlos)
• Educación para la salud

 

Recomendaciones para la comunidad

• No alimentemos a los perros con achuras crudas.
• Desparasitemos a los perros cada 45 días.
• Mantengamos a los perros lejos de los lugares donde se carnea
• Lavemos con agua potable y a chorro fuerte las frutas y verduras.
• Evitemos que los perros laman a los niños en la boca.
• Evitemos que los niños se lleven tierra o arena a la boca.
• Lavemos bien nuestras manos, después de tocar un perro, antes de comer y tanta veces como sea necesario.
• Cerquemos las huertas para que no entren los perros.
• Tratemos de tener pocos perros, uno o dos por familia y que no anden sueltos.

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